Antes de darme cuenta Eva y Lucy ya no estaban, solo quedamos yo y mi
padre.
-¿Qué te parece la idea? – me pregunto.
-No lo se… Pero mi opinión nunca importo. No se porque ahora te interesa lo
que te digo, es demasiado extraño e irreal.- Seguido de eso me levante y me fui a mi habitación dejando a mi padre con la palabra en la boca. No tengo ganas de discutir, es innecesario.
.Eva.
¿Cómo puede no hablarnos durante mucho tiempo y venir ahora y decirnos que
nos mudamos?
Esto no me gusta nada. No puede ignorarnos como si nada y luego decirnos
que nos mudamos. No quiero irme de aquí en este sitio crecimos. Seria chocante
abandonarlo ahora. Lo que me da más pena
es dejar esta casa. Es la mejor del mundo… yo se porque lo digo.
.Lucía.
Esto me parece demasiado, no me quiero ir. Al ver desde la ventana de mi
habitación recuerdo todos aquellos juegos que hacíamos cuando éramos pequeñas.
Eran únicos. Raros. Especiales.
Pero aun así nos divertíamos. Del que más me acuerdo era cuando teníamos 5
años. Estábamos jugando a los superhéroes.
Lo se, eso lo deberían jugar niños
no niñas, pero nosotras no somos normales nos gustan otras cosas un poco
diferentes, por así decirlo.
Pues eso, que jugábamos a los superhéroes, esta
vez me tocaba a mi ser un superhéroe entonces elegí ser Superman. En el jardín
trasero de nuestra casa hay varios bancos y podíamos saltar.
Me puse una bata
roja y empezamos a saltar.
Pero algo raro pasaba. Cuando
saltábamos ocurría algo difícil de explicar.
Era como si el tiempo se parase y tuviéramos
más tiempo en el aire.
Como si estuviéramos “volando”. Es realmente extraño.
No se, a lo mejor son cosas mías pero eso es lo que creo yo. Siempre se me
pasaba por la cabeza desde ese día, nunca he dejado de pensar en ello.
